jueves, 9 de mayo de 2013

La biblioteca no es un anticuario



Apuntes sobre la biblioteca en tiempos de Revolución  

(foro realizado en la Biblioteca Pública Luis Fadul Hernández a propósito de la celebración de la semana del libro y la lectura)

Aquí pueden ver lo que es hoy una biblitoeca en Ciudad Tavacare, gracias al Chato Freitez y Karina Pérez


1. Los libros están para usarse.
            2. A cada lector su libro.
3. A cada libro su lector.
4. Hay que ahorrar tiempo al lector.
5. La biblioteca es un organismo en crecimiento.

Ranganathan



Al ser humano, al homo ludens, el hombre y mujer que juega, le encanta el recreo sincrónico de la creación. No es en vano que la música es expresada en complejas construcciones de tiempo. -Mamá yo quiero es estudiar música, la matemática no me gusta, dice el adolescente recién salido de bachillerato; suele pasar cuando no se ha encontrado con el papel blanco lleno de corcheas y plicas, o cuando se enfrenta al charrasqueo percusivo del cuatro, y la matemática más bella y compleja de todas: la intuición. El lenguaje musical, además de ser la voz del alma, o la poesía los números del alma como diría Vallejo, deviene en algoritmos, progresiones y sumatorias infinitas para dar maravilla a la acción musical tanto en el aspecto formal como tradicional; ay, mamá, me metieron los números hasta en la guataca.
El famoso bibliotecólogo indio Ranganatha nos deja cinco aspectos que resuenan en nuestro presente: juego sincrónico puesto en práctica por el azar planificado, consonante con nuestra carta de navegación, nuestro Plan de la Patria. ¿Debe la singladura de la biblioteca venezolana actual modificarse? Sin duda alguna atendemos al 5to objetivo que apunta el epígrafe de este texto: la biblioteca es un organismo en crecimiento.
Intentando charrasquear el cuatro bibliográfico uno a medias define la biblioteca como una institución, un organismo que preserva bienes culturales, la biblioteca es acervo cultural de la humanidad. Claro, sin obviar la virtud crítica y estar al tanto que es también el mayor emporio al fetichismo de lo escrito. Lo innegable es que la biblioteca es producto del quehacer humano, es un producto humano por lo tanto es humana, y no me vengan con que los misiles y bombas también son humanos o humanitarios, una biblioteca en territorio Sirio es más sana que un misil. La biblioteca en tiempos de revolución, como diría Roque Dalton sobre la escritura, asimila críticamente la tradición cultural y literaria de la humanidad, está para conservar la tradición y las expresiones que resguardan nuestra memoria histórica, sin desdeñar de la oralidad y otras herramientas de transmisión de información, imaginarios y cosmovisiones, siempre y cuando no hayan elementos y formas que laceren nuestra identidad.
            Ahora bien, más que decir qué es la biblioteca del siglo XXI es un qué no es. Por ejemplo: no es un anticuario. No es un templo del saber, lo sería si estuviese llena de laicos-lectores-investigadores-docentes-militantes-aprendices comprometidos. Aunque en templo figura un aspecto a tomar en cuenta no se me alegren los creyentes, me refiero a la infraestructura. Forma parte cada biblioteca de cada municipio del país de las numerosas construcciones que nos deja como herencia la otra república que no queremos recordar, mejor dicho, a la que no queremos volver. Forma parte la biblioteca de un conjunto de agentes reproductores de dinámicas laborales y burocráticas, es decir, lleva consigo todo un conjunto de vicios acompañados de personal viciado, retrata de forma vívida y lo que es peor aún dilata formas de promoción y concepciones en torno a la biblioteca como institución, en donde las nuevas formas de prestar servicio en función del espacio como punto de encuentro de la comunidad, como organismo para la práctica comunal, es hecho en una lógica eventista sin efecto alguno, vaya el ejemplo del pasado día del libro en donde asistí a dar el foro que estás leyendo en estos momentos y me entero que las actividades de celebración eran una misa y una ofrenda floral al Libertador. O cuando me dirigí al público conformado por bibliotecarias y bibliotecarios escolares y pedí que por favor levantaran la mano los que estaban leyendo, de unas setenta personas no más de cuatro respondió de forma positiva.  
            Nuestras bibliotecas son atendidas por personal de diversa procedencia, tanto institucional como profesional. Ministerio de educación, Ministerio de Cultura y entes estadales. Las políticas son emitidas por la cartera de cultura, ahora bien, son accionadas por educadores y educadoras -en su mayoría- en condición de comisión de servicio. Esto ha degenerado los procesos, y vuelvo de nuevo con más bien qué no es a qué es la biblioteca del siglo XXI. Sin lugar a dudas no es una escuela. La biblioteca no puede tener un horario escolar aunque sea un espacio educativo. La biblioteca no puede tener la aburrida tez escolar, otro tema para tratar otro día en otro espacio; grandes herencias para grandes pesos y vicios: la educación y la lógica de la amenaza y la negación ha sido instituida en la biblioteca.
            Entiéndase que este no es un espacio para alegar a la incompetencia institucional. Es un espacio para reconocer nuestra capacidad como seres, como especie política en ese reconocimiento de los espacios para el desarrollo social. La transformación y el papel de la biblioteca en tiempos de revolución tienen como protagonistas a quienes laboran directamente en ella, en cómo se deshacen del modo quince y último; llego y me voy a la hora para sólo vender mi fuerza de trabajo al estado. El bibliotecario y bibliotecaria está en su capacidad para reconocer y leer el tiempo en que vivimos y adaptar los servicios al concepto comunal, en la labor  de lectores, intérpretes de las necesidades de su tiempo,  como diría el Comandante Chávez en el golpe de Timón: ¿es la carretera el objetivo?, aquí sería, ¿es el libro el objetivo, la promoción del mismo su objetivo? ¿Guardar libros, clasificarlos, documentarlos es el objetivo? ¿O es más bien cómo el espacio, la infraestructura y el insumo que en ella se encuentra afecta directamente en la transformación geográfica-humano socioterritorial?

            Nunca olvidaré el papel de la biblioteca en mi vida. Mi infancia en Libertad de Barinas fue perfecta en una combinación llano, ríos, pesca, monte y biblioteca, allí conocí la maravilla del préstamo de libros, de viajar sin moverme de sitio, el vicio del conocimiento. Desde hace unos años, en el patear calle con la promoción cultural y la escritura me ha llevado de nuevo al templo de lo escrito, a armar bibliotecas en espacios de trabajo, a compartir distintas actividades que tienen como vértice el libro y siento esa necesidad de cambio profundo que necesita la biblioteca, y sí, ahora si viene el qué y no qué no debería ser. La biblioteca del siglo XXI, la biblioteca en tiempos de revolución espera por ser un espacio cultural comunitario, en donde los consejos comunales que no tengan su casita puedan reunirse como un espacio oficial, un espacio en donde todas las manifestaciones del arte hagan presencia, con la Misión Cultura, con los colectivos culturales organizados, un lugar para proyectar películas en donde los panas del cineclub pueden disfrutar de la  proyección y conversar con la obra escrita que probablemente se encuentra en los anaqueles de la biblioteca. Un lugar para conciertos de música tradicional y contemporánea ¿te imaginas? Llégate mañana para el toque, es en la biblioteca. Llégate mañana a la exposición, es en la biblioteca. Llégate mañana al recital de poesía, es en la biblioteca, al bautizo del libro, al censo de artistas, al taller de manualidades, de artesanía, al espacio de formación sociopolítica, el taller de modelos productivos; al encuentro de saberes, que es lo más parecido a una biblioteca ambulante, y puede enseñarnos a configurar con el tiempo y la experiencia el papel de la biblioteca en tiempos de revolución, que como toda revolución es un organismo en constante transformación y crecimiento.